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miércoles, 22 de septiembre de 2010

"La marginalidad actual no se resuelve sólo con crecimiento y empleo"

Entrevista a Loïc Wacquant* - Fabián Bosoer**

Loïc Wacquant
El fenómeno de la marginalidad está estrechamente vinculado a los sectores más avanzados del proceso económico, instalándose como un fenómeno duradero. Y las políticas de penalización, que apuntan a la reducción de la criminalidad, no hacen más que acentuar las causas de la inseguridad social y económica: si no se contempla el cuadro social en su totalidad, se continuará reproduciendo la marginalidad.

Se presenta como un "sociólogo urbano", estudia la transformación de las ciudades y la marginalidad social y es considerado el principal discípulo de Pierre Bourdieu, el célebre sociólogo francés con quien escribió uno de sus numerosos libros. Su mundo es el de las fronteras entre "el adentro" y "el afuera", los guetos de Chicago, las periferias de París, los barrios suburbanos de las metrópolis latinoamericanas, el de cómo se trazan las fronteras internas de una sociedad cuando ella queda dominada por la pura lógica del mercado.

Para Loic Wacquant, es un error observar las formas actuales de la marginalidad afuera o detrás nuestro, en el pasado, o en el "atraso": "ellas están dentro de los espacios y relaciones sociales, delante nuestro, y si no empezamos por reconocerlo no podremos cambiarlo", dice.

Hiperactivo, 47 años, llegó a Buenos Aires, visitó las cárceles, donde asistió a los cursos universitarios que se dictan allí, dio una conferencia y se fue al día siguiente. Vino invitado por la UBA en el marco del 50 aniversario de la Carrera de Sociología, con el auspicio de la Fundación OSDE, Clacso y el Ministerio de Educación.

Se utilizan muchas metáforas y eufemismos para hablar de la marginalidad social: "excluidos del reparto de la torta", "castigados del modelo", "bomba de tiempo", "sectores en problemas", "condenados de las ciudades", "parias urbanos" ¿cómo se establece hoy esta relación entre pobreza, exclusión e inseguridad en las grandes metrópolis y sus periferias?

Es cierto, cuando se mira desde lejos o desde arriba, se apela a un discurso exotizante, un discurso del miedo, para el cual los barrios pobres se caracterizan por todo lo que falta. Pero cuando uno mira de cerca se observa que hay una similitud, sí, es el sub-proletariado que vive en los barrios en la parte más baja de la jerarquía de la ciudad; pero esa marginalidad urbana no está configurada de la misma manera en todos lados.

- Hay situaciones de exclusión social que son comunes

Sí, claro, se da la experiencia del sentimiento de ser rechazado, el desprecio colectivo, la estigmatización de esos barrios es la misma en Estados Unidos con el gueto y los negros; en Francia, con los suburbios obreros y los inmigrantes; en Brasil, con las favelas, en Argentina con las villas miserias, etc.. Pero, yendo al interior, uno puede descubrir que allí viven personas como tú y yo, que tratan de construir una vida, de sostener una familia, pero que enfrentan limitaciones materiales que son extremas y que sobre todo se ven marcadas por la inestabilidad de vida. Es la imposibilidad, justamente, de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro.

- ¿Los estallidos de violencia en los suburbios de Francia reflejan una "americanización" de estas formas de exclusión social?

Lo que vemos, sobre todo, es que en Estados Unidos el discurso sobre el gueto y en Francia sobre "las banlieues" esconden la aparición de nuevos regímenes de marginalidad cuya característica principal es la inestabilidad de la condición asalariada. Esa inestabilidad no es una característica de los pobres, sino de los empleos y de la nueva relación salarial que se establece. Se atribuye erróneamente a los pobres rasgos que no se deben a ellos sino a la posición socio-económica en la que están y a la degradación de sus condiciones de vida.

- ¿En qué se diferencia la marginalidad actual de la de otras épocas no tan lejanas?

Básicamente, en que vivimos una transición del "Welfare" como un derecho a estar protegido de la sanción del mercado, a un "Workfare", a una obligación de trabajar, de seguir una formación, de dar a la comunidad como contrapartida de la ayuda social que se recibe. De modo que el trabajo deja de ser un derecho para convertirse en un deber del ciudadano, que empuja a los pobres hacia un mercado laboral precario e inestable. Y entonces, se funden y confunden los barrios obreros estables con la economía callejera informal, dominada por actividades ilícitas o criminales, y la violencia y el miedo que estas generan, con gran circulación de armas de fuego y de drogas, más los enclaves marginales, definidos por la experiencia de un estigma de grupo y una decadencia colectiva.

- ¿Qué papel juega el Estado en estos cambios?

Es fundamental. Tenemos una política estatal que por dos lados aumenta y difunde la inseguridad social. Por el lado de la desregulación económica y por el lado de la restricción de los programas de protección social. Esa turbulencia y esos desórdenes sociales que son creados por la desregulación económica y el retiro de la ayuda social, hay que contenerlos de alguna manera particular.

- ¿Se los contiene desplegando el Estado penal?

La paradoja es que el despliegue de la policía, de la justicia criminal y las cárceles, es una respuesta que da el Estado a la inseguridad social que las políticas públicas crearon al des-regular la economía y reducir la protección social. Por eso es algo que se ve en el mundo entero. Como escribió Marx, un fantasma recorre el mundo, sí, pero no es el proletariado; es el fantasma del neoliberalismo y sus resultados.

- La marginalidad y la exclusión social ¿serían un "logro" del neoliberalismo?

Es el producto necesario del neoliberalismo. En el caso de los ideólogos del neoliberalismo, se lo presenta de dos formas. Una, como un residuo del pasado: "hay mucha gente pobre, hay que esperar hasta que dejen de serlo y seguir 'neo-liberalizando' para que dejen de serlo. Y si realmente se des-regula, desaparecerán la desocupación y la pobreza". La segunda es que se trata de un fenómeno transitorio. Habría una transición entre las sociedades reguladas keynesiana y fordista, y el Estado futuro del neoliberalismo. O sea que habría un período en el que "sí, es cierto, hay muchos daños, hay muchos costos, hay mucha pobreza, pero hay que esperar" .

- ¿Qué respuesta da a esos argumentos?

Lo que sostengo es que esta marginalidad no es un residuo del pasado, y tampoco es un fenómeno transitorio o efímero. Es un fenómeno que está ligado al desarrollo mismo de los sectores más avanzados de la economía. Y por lo tanto está delante de nosotros, no detrás. Y está aquí para durar. Y mientras se insista en apostar a lo que se llama el camino de la economía avanzada, sin contemplar el cuadro social completo, se seguirá reproduciendo marginalidad avanzada.

- ¿Cuál sería la respuesta alternativa en el modo de encarar el problema ?

En América Latina se observa desde hace quince años un aumento de la violencia, de la criminalidad, del miedo en las ciudades y, por lo tanto, en reacción a ese aumento de la inseguridad y el miedo el Estado reacciona diciendo: "vamos a activar la policía, la justicia, la prisión". "Mano dura". "Tolerancia cero". Y esa reacción de utilizar el Estado penal para tratar de contener la violencia fracasa porque no toca la causa que es la inseguridad social y económica. Si se deja que la inseguridad económica siga ahí, forzosamente habrá inseguridad criminal Y se puede aumentar la policía, la justicia y las cárceles, se pueden multiplicar por dos, por tres, por cinco y poco se logrará.

- Pero Usted mismo señala que el regreso del pleno empleo y el viejo Estado asistencial no es posible ni deseable.

Hacen falta políticas de largo plazo, a cinco, diez, veinte años. (Los políticos deben tener una mirada a largo plazo. Y pensar no sólo en esta generación sino en la generación que viene). Hay que tener el valor, aunque no haya una caída inmediata de la criminalidad, en sostener el crecimiento económico y el mejoramiento de empleo. Aunque es verdad, las nuevas formas de la marginalidad no se resuelven sólo con crecimiento y empleo.

- ¿Entonces?

Creo que hay que inventar un nuevo Estado social o prepararse para enfrentar desórdenes e inseguridad crónica. Un componente, por ejemplo, es el principio de una renta universal del ciudadano. Que cada familia tenga acceso a un ingreso mínimo independientemente del trabajo. Que los bienes públicos esenciales, la educación, la salud, la seguridad, la vivienda y el transporte sean provistos en una cuota mínima a todo el mundo. Hay que inventar nuevos programas que permitan distribuir de la manera más igualitaria posible esos bienes fundamentales para tener una sociedad democrática. Se puede empezar con un ingreso universal ciudadano o por el acceso a la educación y la formación profesional para toda la vida. Tener políticas de salud pública y de educación muy activas es la mejor lucha contra la criminalidad.

*Loïc Wacquant es profesor de sociología en la Universidad de California, Berkeley, e investigador en el Centre de sociologie européenne, en París. Es cofundador de la revista interdisciplinaria Ethnography. Ha publicado varios trabajos sobre desigualdad urbana, dominación racial, estados policíacos en las principales metrópolis capitalistas y teoría sociológica, todos ellos traducidos a doce idiomas. Entre ellos figuran “Las cárceles de la miseria”, “Parias urbanos” y “Repensar los Estados Unidos”. Junto a Pierre Bourdieu ha escrito “Una invitación a la sociología reflexiva”.

**Fabián Bosoer es politólogo, historiador y periodista. Master en Relaciones Internacionales (FLACSO) y docente en las Universidades de Buenos Aires y Belgrano. Autor, junto a Santiago Cenen González, de tres libros sobre sindicalismo y política, ha participado en otras tantas compilaciones con capítulos sobre la historia política reciente y las transformaciones en la política internacional de las últimas décadas. Se desempeña como editorialista y editor de Opinión del diario Clarín.

Fuente: CLARÍN – 14.10.2007

Bicentenario en Chile, Sergio Grez

sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Caridad o Solidaridad?

Andrés Peñaloza, estudiante de Derecho UC
Entre los rumores de pasillo se dice que el MG se ha dividido. Si Ud. no quiere llamarlo división, puede decir: el sector más conservador -siempre se puede más- se ha convertido en una facción con otro nombre. Ahora bien, no hay que engañarse, esta es una diferencia de grado y no de clase. Es como decir conservadores y neoconservadores, como hablar de marxistas-marxistas y marxistas-leninistas. 

Este grupo “nuevo” se autodenomina “Solidaridad”. Es un grupo curioso. Llamar solidaridad a aquello que uno llamaría justicia (redistribución de la riqueza y mitigación de las desigualdades sociales) esconde un pequeño pero importante matiz: la solidaridad apela a la buena voluntad (de los aventajados socialmente), la justicia no apela a nada, simplemente actúa y quita.

Por otro lado, no sabemos quiénes lo conforman (lideran), no sabemos cuál es su base ideológica, no sabemos qué pretenden a nivel de política institucional; en general no sabemos casi nada. Sabemos que existen y que en su página de facebook cada cierto tiempo pegan una frase cliché [y que en ese mismo acto Delgado e Ibáñez marcan “me gusta”].

Detrás de las puertas sabemos mucho, pero oficialmente no lo sabemos. Lo cierto es que la constitución de este grupo y su ideología es poco transparente para un público incauto, y eso es lo relevante.

Una autodefinición del grupo es esta: “¿Qué es Solidaridad en la Universidad? Velar por la formación de profesionales íntegros, que aportarán desde la excelencia en su profesión”. Fíjense ustedes en la trivialidad de esta frase. ¿No habría dicho Piñera, Lagos, Lenin, Stalin o Pinochet lo mismo? No me cabe duda. Esto es posible porque el lenguaje publicitario (o como yo diría: panfletario) que utilizan es poco transparente, destinado a persuadir y no a convencer. Kant diferencia entre persuadir y convencer (Cfr. KrV A 820/B 848). Persuadir es apelar a las pasiones para generar cursos de acción. Convencer es apelar a las razones. La persuasión apela a representaciones meramente subjetivas que, como tales, son incomunicables (uno no puede comunicar su gusto por la playa, hay que vivirlo). 

Las frases panfletarias de Solidaridad, entre otros, son indeterminadas semánticamente, es decir, su significado no es claro. No sirven para tomar ningún curso de acción. Sus razones, en tanto razones para la acción, son incomunicables (al menos funcionalmente). El más simple ejercicio confirma esto. Si un miembro de Solidaridad preguntara qué hacer ante algún problema universitario, v. g. la decisión sobre si el almuerzo debe durar más, y alguien le respondiera: “debes actuar con integridad”, ¿daría eso una respuesta? Obviamente no. Donde no hay determinación semántica, no pueden haber razones, y por tanto no puede haber convicción, sino persuasión (una forma, si se quiere, de a-racionalidad).

Es esto último lo que hace de Caridad un gran éxito. Un grupo como Solidaridad, insustancial como se muestra ante el público, no tiene ninguna diferencia estructural argumentativa con un grupo humorístico, desde la perspectiva del observador. Su determinación conceptual es tan gruesa como la publicidad de McDonald’s.

Esto me da pie para decir otra cosa. Me irrita ver cómo la política se confunde con la oferta. La política es el espacio donde los ciudadanos, o estudiantes, dan razones que permitan a otros reconocer lo que es bueno, o justo, para todos; la política funciona desde la convicción. La oferta es la herramienta del oferente para satisfacer su interés aprovechando el interés ajeno; funciona desde la persuasión. Pero como ya mostramos, Solidaridad y varios más se relacionan con otros no como ciudadanos haciendo política (convenciendo), sino como agentes de mercado, como oferentes persuadiendo.

A la oferta de Solidaridad responden dos tipos de demandantes: los fieles y los incautos. Los fieles son quienes no necesitan un discurso verdaderamente político, pues saben bien lo que hay detrás de las frases panfletarias. Fieles son los MG que esperaban esta nueva facción; ellos conocen el discurso real. Los incautos, en cambio, son las personas desinteresadas que no se han enterado detrás de las puertas quiénes son los miembros de este nuevo grupo, ni saben qué piensan. Los incautos aceptan la oferta porque les parece simpático el grupo, simpática la gente o rica la hamburguesa.

El ciudadano, que idealmente espera razones, no contestará hasta que no haya un discurso artículo y transparente.

En fin. Trivialidad y persuasión son las notas que caracterizan a Solidaridad; trivialidad y humor a Caridad. Yo no sé qué preferir.

Por cierto, no faltará algún sujeto como Sebastián Squella que se queje de la intolerancia de críticos como yo, o como Caridad, hacia “una iniciativa de [nuestros] compañeros que en forma honesta y con mucho trabajo intentan hacer algo por nuestra universidad”. Aquí el problema es no entender el sentido de la ironía, y ante eso es mejor callar. Además, qué intentan ellos hacer por nuestra universidad no ha sido mostrado (ya hemos dicho que las trivialidades no valen). Y sospecho que si las metas fuesen transparentadas, en esos detalles que terminan ocupando cartas en el Mercurio (como el rol de la Iglesia, el aborto, matrimonio homosexual y todas esas cosas que se intentar mostrar como primordiales a nivel de gobierno universitario), entonces los incautos y los ciudadanos se quedarían con Caridad.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Estudiantes: hay 2010 razones para movilizarse.

Esta columna de autoría del Centro de Estudiantes de Ciencia Política de nuestra Universidad fue publicada en el blog argentino "El Club de la Política".
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Nosotros los estudiantes, ese gremio tan difícil de definir, somos y hemos sido siempre los garantes de la nueva sociedad, aquellos que dicen lo que muchas veces nadie quiere decir, y a través de la historia, han sido actores fundamentales en la formación de la sociedad que conocemos hoy en dia. Sin embargo, hoy por hoy esa idea parece poco clara. Si, pues para muchos la discusión sobre educación (nuestra educación), ni siquiera contempla nuestra voz, e intentando siempre dejar en manos de políticos o tecnócratas (que aparentan desideologizar algo que de por si está fuertemente cargado de ideología como la idea de qué educación queremos, o que tipo de personas queremos formar), una discusión en la que, a nuestro juicio, deberíamos ser los principales voceros.

Así las cosas, hoy nos encontramos con un movimiento estudiantil debilitado, una agenda de Gobierno profundamente privatizadora de lo poco que queda de educación publica, si es que algo queda, con una clase política que prácticamente solo se representa así misma, y por sobre todo, un sistema político que nunca ha sido capaz, o no ha querido escuchar nunca, las demandas por una educación pública. Y con pública nos referimos a: Gratuita, de calidad y para todos. Y es que en ningún país de Latinoamérica cobran por la educación superior, y es que según la UNICEF somos el primer país en el mundo con no contar con ningún tipo de Educación Pública, somos el Segundo país de América con mayores desigualdades, y todos los extranjeros se caen de espalda cuando les decimos que hasta las Universidades estatales cobran, y el infarto viene cuando les decimos tanto. Con ese estado de cosas, me extraña que no nos hayamos convertido en poco menos que terroristas, o que todo siga tan calmo mientras a muchos, éste modelo de incentivo al lucro privado por sobre criterios de calidad e inclusión, les viene como anillo al dedo.

Ya no hay excusas para no moverse. La información abunda, las razones son mas que exigibles, y si se piensa que no se logra nada manifestándose, lo invitamos a reflexionar, pues el hecho de que existan colegios, jardines infantiles, y que nuestros padres (no nosotros) hayan podido conocer lo que es la educación publica, no es casualidad, y tampoco fue facil, sino resultad de intensas pugnas, muchas veces violentas, entre estudiantes y muchas veces el resto de Chile, y eso no es menor. Y si aún asi sigue pensando que movilizarse no sirva (porque de hecho desde el 2003, cuando se logra reestatizar el servicio de pases, poco hemos logrado), nosotros creemos que manifestar descontento, con las cosas como están, no solo es bueno, sino que es justo y es necesario.

*Centro de Estudiantes de Ciencia Política 2010 – Pontificia Universidad Católica de Chile

jueves, 29 de julio de 2010

“La RSE ha fallado”

Existen muchas maneras de presentar a Wayne Visser. Por sus títulos. Por sus antecedentes laborales. Por la cantidad de libros publicados. Quizás la mejor manera sea que es uno de los pocos gurus de la Responsabilidad Social Empresaria y la Sustentabilidad que se anima en poner en palabras fuertes aquello que es difícil de admitir, “La RSE ha fallado”.

miércoles, 14 de julio de 2010

Bicentenario en la Universidad Católica de Chile: Luchando contra el elitismo


Entrevista a Joaquín Walker, Presidente de la FEUC:

“La UC tiene una preocupación con la excelencia, y está bien. Las universidades deben tener esa preocupación. Pero la diferencia está dónde enfocas esa excelencia. ¿Hay que tener excelencia para estar en los mejores puestos en las mediciones internacionales? Es una meta que se ha propuesto constantemente la UC. Puede ser válida, ¿pero para qué más? Lo importante es ser de las mejores universidades, pero para servir al país. Preocuparnos de que la educación sea una herramienta de movilidad social. Entregar conocimientos a la sociedad entera, abrirnos y generar cambios estructurales. Trabajar también temas como la desigualdad social, las injusticias en general, en un país que sufre particularmente de ellas. Esto no lo hacemos”.

martes, 13 de julio de 2010

Paremos las falacias en Educación Superior

Por Nicolás Valenzuela Levi, ex Secretario General FEUC 2009
Artículo original en: http://blog.delarepublica.cl/2010/07/12/paremos-las-falacias-en-educacion-superior/

Junto con un par de artículos publicados las últimas semanas, este posteo probablemente será parte de la introducción de un tema del que empezaremos a hablar todavía más. La primera semana de Agosto se cumplirá el plazo mencionado por Juan José Ugarte, jefe de la división de Educación Superior del MINEDUC, para el anuncio de la reforma que este gobierno quiere realizar en materia de educación terciaria.

En particular quiero referirme a las palabras del ex Prorrector de la PUC, Carlos Williamson, quien publicó una carta en un conocido medio nacional sobre lo ocurrido en el discurso inaugural de la Universidad de Chile. Antes de leer las breves palabras que siguen, invito a leer el texto del economista, pues condensa bastante bien el tipo de argumentación que utilizan en la derecha sus pares piñero-lavinistas, y permitirá contextualizar la mía. Fundamentalmente, me referiré al tipo de falacias que se utilizan para defender la privatización, la línea de orientar el financiamiento público todavía más hacia el subsidio a la demanda y al fomento del endeudamiento, la negación del problema de la segregación sumada al rechazo a medidas de discriminación positiva en el acceso y permanencia, y sobre todo a la descalificación de las posturas que se oponen total o parcialmente a lo anterior.

Para intentar ingresar en la dimensión “ascéptica” que pretende Williamson, diré estar de acuerdo en que la discusión debe versar sobre lo concreto más que pancartas. Aceptando las reglas del juego que pone el ingeniero comercial conservador, hay que decir que la polarización que él intenta plantear entre entidades estatales y privadas es más de lo mismo que él pretende exorcizar: pura y santa sobre-ideologización. Históricamente hay instituciones estatales y privadas sin fines de lucro que han aportado a lo público en Chile. También hay universidades estatales que han sido ejemplo en estos años, como la Universidad de Talca bajo la rectoría de Álvaro Rojas, obteniendo mejores resultados de gestión que muchísimas privadas dentro y fuera del Consejo de Rectores.

Avancemos en lo concreto: el presidente emplazó a las universidades a cumplir metas ¿está la equidad entre esas demandas? Hasta el minuto no hay nada.

Por ejemplo, la UC y la U. de Chile lideran nuestra educación terciaria y son las más segregadas dentro de las instituciones del Consejo de Rectores, midiendo tanto por quintil de ingreso de sus estudiantes como por el tipo de establecimiento escolar del que provienen. Por otro lado, según la OCDE, en el sistema la tasa de deserción entre el primer y cuarto año es 28% en los dos quintiles más ricos de la población, y 65% en los tres más pobres. Lo que tenemos es ineficiencia que discrimina, y una estafa considerando años de esfuerzo invertidos probablemente mediante deudas en la banca privada sin que sirvan para nada.

Frente a esta demanda: ¿Qué recursos pondrá el Estado? La OCDE es clara al señalar que el financiamiento público debe ser mayor, y debe ir a las instituciones, para que Chile deje de ser el país donde más se carga la educación al bolsillo de las familias (85% lo ponen principalmente ellas), siendo un bien que sirve a todos. Se trata de metas y recursos; debiéramos partir por definirlos.

Si al lector le llegase a chocar esta argumentación tan basada en los términos puestos por la derecha, debo decir que mi motivación no es avalar la legitimidad de dichos términos, sino demostrar que incluso entrando al juego que ellos plantean, su argumentación se cae a pedazos. Hasta los criterios turbocapitalistas de la OCDE sirven para derribar cada mentira que se intentará parar en las próximas semanas para plantear las reformas privatizadoras que persigue el gobierno.

Va a ser duro traducir las complejidades de la realidad de la Educación Superior en criterios fáciles, tal como lo requiere el lenguaje de cuñas que construye la discusión pública chilensis, para poder hacerle frente al golazo que Lavín y Ugarte están a punto de meter.

viernes, 2 de julio de 2010

Reprobados

Una vez más, la brecha entre la educación pública y la privada se robó la película al momento de evaluar los desastrosos resultados del SIMCE. Pero el detalle es que nuestros colegios de elite tampoco dan el ancho y algunos, definitivamente, cobran mucho y enseñan poco.


“Es un mito que la educación particular en Chile sea mejor que la pública, la única diferencia es que estas escuelas tienen alumnos con un capital cultural mayor, no por un tema académico”, sostienen Mario Waissbluth y Valentina Quiroga, de Educación 2020.

lunes, 28 de junio de 2010

Universidades: un mercado bullente

Con rentabilidades que superan el 5%, millonarios gastos de operación y altas tasas de crecimiento, las universidades privadas chilenas seducen a inversionistas nacionales y extranjeros. La próxima venta de la Universidad Central muestra,  además, cómo el sector comienza a concentrarse. 


jueves, 24 de junio de 2010

“La competencia en educación es una locura de la derecha”

Martín Carnoy, experto de Stanford de visita en Chile

Compañero de varios golden boys en la Escuela de Economía de Chicago -como Rolf Lüders y Ernesto Fontaine-, es una autoridad internacional en educación comparada. Y afirma que “si Chile no hubiera cometido el error de crear el sistema de voucher en la época de la dictadura y en vez de ello se hubiese preocupado de la formación de buenos profesores, hoy el país tendría la mejor educación del mundo”.