martes, 13 de julio de 2010

Paremos las falacias en Educación Superior

Por Nicolás Valenzuela Levi, ex Secretario General FEUC 2009
Artículo original en: http://blog.delarepublica.cl/2010/07/12/paremos-las-falacias-en-educacion-superior/

Junto con un par de artículos publicados las últimas semanas, este posteo probablemente será parte de la introducción de un tema del que empezaremos a hablar todavía más. La primera semana de Agosto se cumplirá el plazo mencionado por Juan José Ugarte, jefe de la división de Educación Superior del MINEDUC, para el anuncio de la reforma que este gobierno quiere realizar en materia de educación terciaria.

En particular quiero referirme a las palabras del ex Prorrector de la PUC, Carlos Williamson, quien publicó una carta en un conocido medio nacional sobre lo ocurrido en el discurso inaugural de la Universidad de Chile. Antes de leer las breves palabras que siguen, invito a leer el texto del economista, pues condensa bastante bien el tipo de argumentación que utilizan en la derecha sus pares piñero-lavinistas, y permitirá contextualizar la mía. Fundamentalmente, me referiré al tipo de falacias que se utilizan para defender la privatización, la línea de orientar el financiamiento público todavía más hacia el subsidio a la demanda y al fomento del endeudamiento, la negación del problema de la segregación sumada al rechazo a medidas de discriminación positiva en el acceso y permanencia, y sobre todo a la descalificación de las posturas que se oponen total o parcialmente a lo anterior.

Para intentar ingresar en la dimensión “ascéptica” que pretende Williamson, diré estar de acuerdo en que la discusión debe versar sobre lo concreto más que pancartas. Aceptando las reglas del juego que pone el ingeniero comercial conservador, hay que decir que la polarización que él intenta plantear entre entidades estatales y privadas es más de lo mismo que él pretende exorcizar: pura y santa sobre-ideologización. Históricamente hay instituciones estatales y privadas sin fines de lucro que han aportado a lo público en Chile. También hay universidades estatales que han sido ejemplo en estos años, como la Universidad de Talca bajo la rectoría de Álvaro Rojas, obteniendo mejores resultados de gestión que muchísimas privadas dentro y fuera del Consejo de Rectores.

Avancemos en lo concreto: el presidente emplazó a las universidades a cumplir metas ¿está la equidad entre esas demandas? Hasta el minuto no hay nada.

Por ejemplo, la UC y la U. de Chile lideran nuestra educación terciaria y son las más segregadas dentro de las instituciones del Consejo de Rectores, midiendo tanto por quintil de ingreso de sus estudiantes como por el tipo de establecimiento escolar del que provienen. Por otro lado, según la OCDE, en el sistema la tasa de deserción entre el primer y cuarto año es 28% en los dos quintiles más ricos de la población, y 65% en los tres más pobres. Lo que tenemos es ineficiencia que discrimina, y una estafa considerando años de esfuerzo invertidos probablemente mediante deudas en la banca privada sin que sirvan para nada.

Frente a esta demanda: ¿Qué recursos pondrá el Estado? La OCDE es clara al señalar que el financiamiento público debe ser mayor, y debe ir a las instituciones, para que Chile deje de ser el país donde más se carga la educación al bolsillo de las familias (85% lo ponen principalmente ellas), siendo un bien que sirve a todos. Se trata de metas y recursos; debiéramos partir por definirlos.

Si al lector le llegase a chocar esta argumentación tan basada en los términos puestos por la derecha, debo decir que mi motivación no es avalar la legitimidad de dichos términos, sino demostrar que incluso entrando al juego que ellos plantean, su argumentación se cae a pedazos. Hasta los criterios turbocapitalistas de la OCDE sirven para derribar cada mentira que se intentará parar en las próximas semanas para plantear las reformas privatizadoras que persigue el gobierno.

Va a ser duro traducir las complejidades de la realidad de la Educación Superior en criterios fáciles, tal como lo requiere el lenguaje de cuñas que construye la discusión pública chilensis, para poder hacerle frente al golazo que Lavín y Ugarte están a punto de meter.