“Es un mito que la educación particular en Chile sea mejor que la pública, la única diferencia es que estas escuelas tienen alumnos con un capital cultural mayor, no por un tema académico”, sostienen Mario Waissbluth y Valentina Quiroga, de Educación 2020.
Por Guillermo Turner y Paula Vargas.
Los alumnos de cuarto básico del Colegio Polivalente San Rafael de Lo Barnechea pueden estar satisfechos. Aunque mantuvieron los resultados en la prueba SIMCE, con sus 300 puntos promedio en lenguaje, 314 en matemáticas y 306 en comprensión del medio ambiente, se posicionaron entre los líderes de un segmento que incluye entre un 25% y 50% de estudiantes en condición de vulnerabilidad social e ingresos familiares que apenas bordean los 400 mil pesos en su nivel mayor.
Considerando que se trata de un colegio particular subvencionado, esa satisfacción puede convertirse en genuino orgullo si toman en cuenta que, a unas cuadras de distancia, sus pares del Colegio Apoquindo masculino no alcanzaron los 300 puntos en lenguaje, mientras que en matemáticas y comprensión del medio promediaron 306 y 301, respectivamente. En el caso del Apoquindo femenino, ni en matemáticas ni en comprensión del medio las alumnas llegaron a los 300 puntos, nivel que los expertos califican como suficiente para una institución de esta naturaleza.
Por cierto, el Apoquindo es un colegio particular pagado, que educa a alumnos cuyo riesgo social no es más que una lejana pesadilla y el ingreso de los hogares se ubica claramente en el decil superior. En otras palabras, corresponde a lo que comúnmente llamamos la educación de elite, esa que en nuestro país incluye algo. La educacion privada chilena tampoco pasa la prueba más de 20 mil estudiantes, que pagan caro por una calidad que está puesta en duda, tanto por las pruebas nacionales como por los estudios internacionales.
Un ejemplo: el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés) del año 2000 construyó el índice ISEC para distinguir a los alumnos de elite en base a criterios como la ocupación y el nivel educacional de sus padres, riqueza y bienes culturales familiares. Apenas un 10% de la población estudiantil chilena registró un ISEC sobre 0,70 -el piso del puntaje considerado de excelenciamientras que en Estados Unidos superó el 30% y en Finlandia, el 26%. En Argentina lo consiguió un 15%.
Del informe se concluye que el desempeño de los estudiantes chilenos con mayores ventajas socioeconómicas no alcanza al promedio de un estudiante promedio de la OCDE. En el caso específico de las competencias lectoras, sólo el 20% de la elite llegó al menos al nivel 4 (se comprenden textos de longitud, complejidad y exigencias relativamente altas). En Finlandia ese porcentaje alcanza al 65%.
La prueba TIMSS 2003 para octavos básicos catalogó a los alumnos en cinco niveles de competencia. Menos de uno de cada 200 estudiantes chilenos clasificó en el avanzado. En PISA 2006, sólo uno de cada mil alumnos de 15 años alcanzó el estándar superior.
La brecha no es lo único
“Si ustedes toman sólo el nivel alto, fundamentalmente el nivel alto corresponde sólo a colegios pagados. Ustedes ven ahí que un 49 % de los niños sabe lo que debe saber, es decir, sabe las matemáticas que corresponden a octavo básico”. La explicación de Joaquín Lavín, en el marco de la conferencia de entrega de los resultados SIMCE 2009, dejó dos problemas de manifiesto: que el 51% de ese nivel superior no sabe lo que le corresponde y que la brecha con los segmentos inferiores es enorme. Porque “en el nivel socioeconómico bajo sólo un 3% sabe lo que debe saber en educación matemática en octavo básico”, agregó el ministro.
Y claro. Como era de suponer, la mayor parte de las voces de alerta se centró en la diferencia entre los resultados de los establecimientos municipalizados y subvencionados respecto de sus similares pagados. La “inequidad se va acrecentando en los años”, sentenció Lavín.
Pero la brecha no es el único problema y, según expertos internacionales, ni siquiera el más urgente. Eric Hanushek, profesor de la Stanford University y visita reciente al país, ha puesto énfasis en la relevancia que tiene para las economías en vías de desarrollo el contar con una elite mejor preparada. Desde esta perspectiva, el desafío de Chile no se limita a reducir la brecha, sino que incluye la necesidad imperiosa de trasladar toda la curva hacia un nivel superior. “Es un mito que la educación particular en Chile sea mejor que la pública, la única diferencia es que estas escuelas tienen alumnos con un capital cultural mayor, no por un tema académico”, sostienen Mario Waissbluth y Valentina Quiroga, de Educación 2020.
Un reciente paper de Hanushek califica a los países por capacidad cognitiva de sus estudiantes. El 1,3% de los alumnos chilenos califica en el nivel top, versus un 2,7% en el caso de Argentina o el 7,9% de Alemania. Lideran la tabla economías como Corea (17,8%), Singapur (17,7%), Japón (16,8%), Suiza (13,4%) y Australia (11,2%). El diagnóstico empeora al considerar que en nuestro país la elite asiste a colegios particulares pagados, que constituyen una carga significativa en el gasto familiar, mientras que en naciones desarrolladas ese rol lo cumple mayormente la educación pública.
Escasa preparación de los profesores y contenidos académicos obsoletos, son algunos de los argumentos a la hora de analizar las razones de esta baja performance educativa. Causas que, a fin de cuentas, cruzan tanto el déficit en la enseñanza pública como en la privada.
Pero también tienen responsabilidad los apoderados y lo que a todas luces aparece como un bajo nivel de exigencia. Según la encuesta UNESCO-UC, el 88% de los padres considera la calidad de la enseñanza como un atributo clave de un buen colegio. A pesar de los resultados SIMCE, más de la mitad cataloga al establecimiento de su hijo como “mejor de lo que esperaba”, mientras que el 83% considera que sus profesores son buenos.
En definitiva, falta información o nos contentamos con poco.
Mario Waissbluth y Valentina Quiroga, Educación 2020
• Si hacemos el ejercicio de tomar a nuestros alumnos más brillantes, no más de un tercio de ellos lograría entrar a universidades de países como Inglaterra, Corea o Finlandia.
• Finalmente, los padres pagan por una red social, que les permite entrar en un círculo, que da estatus y, a pesar de lo cara, sigue siendo rentable.
• A todas luces, la mala calidad de los profesores es el principal problema de los colegios públicos, subvencionados y particulares.
• Lamentablemente, el deterioro de la carrera docente ha llevado a que ni siquiera los mejores profesores de Chile, que seguramente están en establecimientos privados, alcanzan el estándar internacional.
• Al poner el semáforo –como está haciendo el actual gobierno- se traspasa la responsabilidad al padre. Se le dice: su hijo está en el colegio rojo, cámbielo al verde. Es apostar a que el mercado, por el lado de la demanda, va a regular la calidad.
• Aunque la mala calidad de la educación es transversal al nivel socioeconómico, el foco debe estar en mejorar el nivel de los quintiles más bajos.
Pedro Pablo Rosso, académico y ex rector de la Universidad Católica
• En estos segmentos, al igual que en los menos aventajados, existen dos problemas fundamentales: el primero es el curriculum, es decir, lo que se supone que los niños deben aprender y, luego, la metodología de enseñanza, que en Chile es tremendamente pasiva.
• El problema pasa también por la formación inicial de profesores. En ese sentido, existen algunas facultades de Educación, como la nuestra, que están asumiendo este desafío, proponiendo un curriculum renovado.
• Pero no es lo único. Hay una serie de determinantes de tipo estructural, como por ejemplo la necesidad de mayores recursos, mejorar la gestión, la infraestructura, mayores incentivos, mejorar las remuneraciones.
Dante Contreras, economista
• Aunque en el contexto latinoamericano Chile ha mejorado su desempeño en educación, resulta que nuestro nuevo benchmark son los países de la OCDE y, frente a ellos, nuestra elite -que corresponde sólo al 8% de nuestros niños- tiene resultados bastante precarios.
• Mi hija asiste a un colegio público en Washington, que rinde por sobre el promedio de los países OCDE. Un colegio que, a juzgar por el PI SA, rinde mucho más que un colegio particular pagado en Chile.
• Tenemos una cultura de exigir poco a los colegios, y eso se da en todos los segmentos socioeconómicos. Generalmente, en los sectores altos, la exigencia tiene que ver más con la infraestructura, con el idioma, con temas valóricos y sociales, y menos atención por la parte académica.
Harald Beyer, investigador del Centro de Estudios Públicos
• El pool de profesores es más o menos el mismo, salen formados de los mismos lugares, en general vienen de obtener bajos puntajes en las pruebas de selección universitaria. Entonces, el nivel no tiene por qué ser muy distinto.
• El sistema tampoco tiene muchas presiones: si uno mira históricamente el sector público nunca ha tenido mucha presión para mejorar y el sector privado menos, porque le dicen que todo va bien.
• El esfuerzo que necesitan hacer los colegios pagados para quedar arriba tampoco es particularmente grande. Al final lo que influye en su desempeño es que los padres de estos niños son personas más preparadas y pesa más el hogar.
• La diferencia de precio, entre lo que paga un niño en un colegio público o subvencionado y uno particular, no tiene que ver con el reclutamiento de profesores, sino con otras cosas que pueden contribuir al proceso de la educación, pero que no son fundamentales en el desempeño académico.
Mario Waissbluth y Valentina Quiroga, Educación 2020
• Si hacemos el ejercicio de tomar a nuestros alumnos más brillantes, no más de un tercio de ellos lograría entrar a universidades de países como Inglaterra, Corea o Finlandia.
• Finalmente, los padres pagan por una red social, que les permite entrar en un círculo, que da estatus y, a pesar de lo cara, sigue siendo rentable.
• A todas luces, la mala calidad de los profesores es el principal problema de los colegios públicos, subvencionados y particulares.
• Lamentablemente, el deterioro de la carrera docente ha llevado a que ni siquiera los mejores profesores de Chile, que seguramente están en establecimientos privados, alcanzan el estándar internacional.
• Al poner el semáforo –como está haciendo el actual gobierno- se traspasa la responsabilidad al padre. Se le dice: su hijo está en el colegio rojo, cámbielo al verde. Es apostar a que el mercado, por el lado de la demanda, va a regular la calidad.
• Aunque la mala calidad de la educación es transversal al nivel socioeconómico, el foco debe estar en mejorar el nivel de los quintiles más bajos.
Pedro Pablo Rosso, académico y ex rector de la Universidad Católica
• En estos segmentos, al igual que en los menos aventajados, existen dos problemas fundamentales: el primero es el curriculum, es decir, lo que se supone que los niños deben aprender y, luego, la metodología de enseñanza, que en Chile es tremendamente pasiva.
• El problema pasa también por la formación inicial de profesores. En ese sentido, existen algunas facultades de Educación, como la nuestra, que están asumiendo este desafío, proponiendo un curriculum renovado.
• Pero no es lo único. Hay una serie de determinantes de tipo estructural, como por ejemplo la necesidad de mayores recursos, mejorar la gestión, la infraestructura, mayores incentivos, mejorar las remuneraciones.
Dante Contreras, economista
• Aunque en el contexto latinoamericano Chile ha mejorado su desempeño en educación, resulta que nuestro nuevo benchmark son los países de la OCDE y, frente a ellos, nuestra elite -que corresponde sólo al 8% de nuestros niños- tiene resultados bastante precarios.
• Mi hija asiste a un colegio público en Washington, que rinde por sobre el promedio de los países OCDE. Un colegio que, a juzgar por el PI SA, rinde mucho más que un colegio particular pagado en Chile.
• Tenemos una cultura de exigir poco a los colegios, y eso se da en todos los segmentos socioeconómicos. Generalmente, en los sectores altos, la exigencia tiene que ver más con la infraestructura, con el idioma, con temas valóricos y sociales, y menos atención por la parte académica.
Harald Beyer, investigador del Centro de Estudios Públicos
• El pool de profesores es más o menos el mismo, salen formados de los mismos lugares, en general vienen de obtener bajos puntajes en las pruebas de selección universitaria. Entonces, el nivel no tiene por qué ser muy distinto.
• El sistema tampoco tiene muchas presiones: si uno mira históricamente el sector público nunca ha tenido mucha presión para mejorar y el sector privado menos, porque le dicen que todo va bien.
• El esfuerzo que necesitan hacer los colegios pagados para quedar arriba tampoco es particularmente grande. Al final lo que influye en su desempeño es que los padres de estos niños son personas más preparadas y pesa más el hogar.
• La diferencia de precio, entre lo que paga un niño en un colegio público o subvencionado y uno particular, no tiene que ver con el reclutamiento de profesores, sino con otras cosas que pueden contribuir al proceso de la educación, pero que no son fundamentales en el desempeño académico.