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| Ana María Gajardo, estudiante de Trabajo Social UC |
Empanadas de pino, anticuchos, asados por millón; carne, carne y más carne. Fiestas patrias y las ansias de comer y “tomar” en exceso es una característica común en la mayoría de los chilenos por esos días. Pero… ¿qué hace alguien como yo?, ¿qué hacemos los vegetarianos?
No como carne hace ya casi 5 años netamente por los abusos de la industria ganadera para con los animales y el indiscriminado consumo por parte de los seres humanos. La respuesta ante al qué hacer es muy simple: carne de soya y verduras en sus diferentes versiones: salteadas, asadas, cocidas, crudas, etc. más todas la gama de platos típicos que no requieren de carne animal están hechos para darle placer al paladar. ¿Qué más rico que una ensalada a la chilena o un pebre cuchareado con papas cocidas? ¿un chancho en piedra con pan amasado, un mote con huesillos o unas sopaipillas con manjar?
Soy de las vegetarianas que disfruta de la conversación en familia, que soporta el olor a carne porque nadie más en su hogar es vegetariano pero que si a logrado que se consuma menos con el paso del tiempo; disfruto yendo a la peña folklórica, bailando bien zapateado y tomando un buen vaso de chicha (ojalá de Villa Alegre).
El “pedazo” de carne no es necesario cuando la decisión de dejarla tiene argumentos de peso y se vinculan a lo que creo o no justo; tornándose una forma muy personal de protesta no arrepintiéndome en lo absoluto de aquella.
